Me remuevo en mi cama al sentir las caricias en mi pelo y una acompasada respiración golpeándome la cara. Por un momento me quedo quieta, inmóvil e la cama pensando que Kane está allí, despertándome como cada mañana, que todo vuelve a ser como antes. Abro los ojos, parpadeando constantemente para intentar adaptarme a la luz del sol que entra por el gran ventanal con vistas a la playa. En pocos segundos distingo una silueta, de rodillas en frente de mi cama y mis esperanzas se desvanecen al ver la cara de Tyler delante de la mía.
-Buenos días, enana. -Gruño, parece que todo el mundo ha olvidado que odio que me despierten.- Uh, parece que no estás de buen humor.
-¿Que te hace decir eso?- Pregunto de forma irónica mientras me incorporo.- ¿Cómo has sabido donde estaba?
-Siempre vienes a casa del abuelo.
-Cierto...- Nota mental: Debo dejar de ser tan predecible.
-Te he traído ropa y tus libros.
-¿Que hora es? -Digo bostezando, a lo que el me señala el reloj que se encuentra colgado en la pared de la habitación. Marca las siete y media.- Tengo hambre.
No responde, no hace falta. Sale de la habitación, dirigiéndome una mirada reprobatoria para indicarme que no tarde en bajar a desayunar, para después cerrar la puerta tras él. Me incorporo estirando todos y cada uno de mis músculos, quien me viera probablemente me compararía con un oso. Cojo la vieja bolsa de tela donde se supone está mi ropa para hoy, es negra con una inscripción de 'I love Sweden' en ella. Amé ese país cuando lo visité hace dos años. Amo Estocolmo. Es fascinante, pero de vuelta a la ropa, la saco y ante mis ojos aparecen una blusa roja sin mangas, semitransparente y con cuello de camisa. También unos pantalones cortos negros con su toque rasgado y con adornos. ¿Enserio quiere que me ponga esto para ir al instituto? O peor, ¿Se le ha olvidado mi forma de vestir en su tiempo en la universidad? Bueno, eso no es lo peor, supongo que necesito reorganizar mis prioridades, pero igualmente esto es un ultraje a mi estilo de camiseta ancha con decorados y shorts vaqueros rotos.
Resoplo resignada, no tengo nada más que ponerme, así que me meto a la ducha y en diez minutos estoy lista, miro el reloj de la pared de nuevo, y me sorprendo de mi misma por la rapidez con la que estoy preparada. Recojo todo, salgo de la habitación sin hacer demasiado ruido y bajo las escaleras encontrándome con el desayuno preparad sobre la mesa y a Tyler y el abuelo hablando entre risas. No me extraña, seguramente tienen muchas cosas que contarse. El olor a tostadas recién echas y zumo de naranja inunda mi nariz, atrayéndome cada vez más. Me acerco por detrás al canoso y le doy un beso en la cabeza, huele menta y a playa, como siempre.
-Buenos días. - Me siento al lado del abuelo y enfrente de Ty.- ¡Que hambre!- Me como una tostada entera en menos de unos segunos, y detrás otra, mientras que ellos me miran asombrados.- ¿Qué? -Trago.- Esta bueno..- Cogo una tercera tostada y ellos abren aun más los ojos.- ¡Dejad de mirarme y comed!
-¿Desde cuando come tanto?
-Parece un pozo sin fondo.
-¡Eh! Que estoy aquí.- Digo haciéndome la indignada, sacándoles la lengua y levantándome de la mesa.- Me voy.
-¿Desayuno Exprés? -Pregunta Ty alzando una ceja.- Gracias señorita Ross por dedicarnos un poco de su preciado tiempo.
Le hago una mueca bastante extraña y cierro la puerta de madera tras de mi. Piso el porche y aprecio la vista del mar en calma de buena mañana, es precioso. Después me dispongo a ir camino al instituto, debería haber pensado eso anoche, casa del abuelo está más lejos, por lo que llegaré tarde. Que novedad. Pongo rumbo por la arena hacía el paseo marítimo, pero algo hace que me pare en seco. Un chico sentado en un viejo tronco en la playa, levantando la arena con sus pies y la cabeza gacha. Pero parece que me lee la mente y me encuentro con su profunda mirada. Se me había olvidado que se ofreció a llevarme a clase.
-Buenos días.
-Buenos días Zayn.- Le dedico una sonrisa.
-¿Llego pronto? -Pregunta rascándose la nuca.- No sabía a que hora empezabas.
-A las ocho y cuarto.
-Perfecto. - Pasa un brazo por mi hombro y me dirige al coche.- Así podremos ir a poner gasolina.
Le sonrío y me deshago de su agarre un tanto incomoda, aunque el no parece notarlo y continua a la suya hasta que llegamos al Jeep aparcado en la acera de enfrente del paseo. Subimos al coche y empieza a sonar la música, alguna canción que desconozco, pero pegadiza. Arranca el coche y baja el capó, haciendo que el aire me golpee plenamente a la cara. Miro a mi alrededor y me pierdo en la vista. Montaña y playa, palmeras y arena, grandes edificios y cabañas, surferos y skaters, galerías de arte y graffitis. Hawaii, nunca me cansaré de esto.
-Ya llegamos.- Su voz me hace volver a la realidad.
Me quedo observando como habla con el encargado y en pocos minutos la manguera etá dentro del coche llenando el depósito. Cierro los ojos y aspiro profundamente el olor de la gasolina. Repugnante para otros, adictivo para mi. Oigo una pequeña risa y abro los ojos de nuevo.
-¿Que haces? -Pregunta divertido.
-Me encanta el olor a gasolina, a hierba recién cortada y a pintura.- Directo, nunca he sido de darle demasiadas vueltas a las cosas.
-Bueno es saberlo.- Sonríe, sube al coche y de nuevo nos ponemos en marcha al instituto.
Durante todo el trayecto hablamos de infinidad de cosas, y por primera vez no siento esa incomodidad a la que estaba sometida cuando lo conocí. Siento que mi risa y mis carcajadas son sinceras, nada forzadas, como hasta ahora. Él me cuenta historias que ha pasado con sus amigos, que no son pocas, ni aburridas. Y yo le cuento historias con los chicos cada vez que pasamos por algún lugar que me trae recuerdos. En fín, un buen rato. El momento en que llegamos, siento un vacío cuando bajo del coche y tengo que despedirme de él.
-Gracias Zayn. -Digo cerrando la puerta del coche.
-No hay de que, pequeña. - Lo ha vuelto a hacer, pero por esta vez lo dejo pasar y tan solo ruedo los ojos ante su sonrisa de suficiencia.- Nos vemos.
-¿Esta tarde?
-No creo, tengo una reunión con los chicos.
Antes de arrancar toma un pequeño papel y me lo entrega. Antes de que pueda darme ni siquiera cuanta de que es, él ya ha arrancado el coche y está a punto de desaparecerse de mi vista. Miro en mi mano aquel pequeño papel arrugado y lo leo. Su número de teléfono. Hay otras maneras de dármelo, pero supongo que él tiene poco de normal en sus venas.
Me dirijo hacia la puerta de entrada de entrada al edificio, donde veo a Jason y Guy apoyados en el pilar, parece que esperándome. Pero Ethan no está con ellos, lo que parece extraño, pues suelen ir los tres juntos siempre. La verdad es que ayer no lo vi, en verdad, no lo veo desde el domingo en la playa. Apartando esos pensamientos, salto a los brazos de mis amigos dándole un fuerte abrazo, a lo que se quejan , como de costumbre y me prometo buscar a Ethan hoy para hablar con él.
Llego a la puerta del aula justo cuando el timbre suena, pero algo más suena en mi bolsillo trasero del pantalón. Un mensaje. De mi padre. Nada bueno seguro. Lo saco y miro que pone: 'No hagas planes para esta tarde, quiero presentarte a unos amigos.'
-Siento llegar tarde.- Digo entrando en clase mientras la profesora de Biología, la señora Jackson me observa con su típica mirada de desaprovación.
Me siento en mi sitio, al lado del la ventana, sin hacer caso de Sea o Speedie que hacen burlas sobre mi retraso. Apoyo la cabeza sobre mi puño y me pierdo en la vista del exterior. ¿Amigos? Si, claro. Esa es la expresión que utiliza mi padre para referirse a sus clientes, lo que nunca trae nada bueno. Al menos para mi. ¿Que será esta vez? Algún empresario cuarentón interesado en invertir en su cadena de hoteles, o en su empresa de seguridad. O puede que sea en la rama de publicidad de Industrias Ross S.A. o otra de sus tantas especializaciones. Lo que si que no soportaría es otro de esos grupos con aire de grandeza que firman con la radio más importante de Hawaii, propiedad de mi padre claro. Lo odio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario