-¡Estoy en casa! - Grito al atravesar la puerta del recibidor, pero como de costumbre, no recibo respuesta.
Me dirijo a la planta superior, a mi habitación, con paso lento y agotado. En verdad ha sido un día largo por eso mi cama me acoge como al mayor de los refugios y noto todos mis músculos destensarse en el acto. La tenue luz de la mesita de noche es lo único que ilumina la estancia, causando una atmósfera de paz y tranquilidad que se agradece bastante.
Saco un pijama de un pequeño cajón de mi vestidor y me lo pongo con una lentitud que me asombra hasta a mi misma. Cojo mis gafas de vista de su estuche y me las coloco en nada. En dos minutos estoy lista, con el pelo recogido de nuevo en una coleta y descalza sobre el frío suelo. Por un instante sonrío al ver mi reflejo en el espejo de cuerpo entero de la habitación, recordando cuando Tyler me regaló este pijama alegando que era una vaga, pues tiene varios dibujos de caracoles en el short gris, y una inscripción donde dice 'Snails Pace' es decir, 'Paso de caracol'. Me sorprendo a mi misma al pensar en como han cambiado las cosas desde esas navidades.
-¡Que hambre! - Digo enérgicamente mientras bajo las escaleras, encontrándome a mi padre y mi hermano ya sentados en la gran mesa de madera pulcra.- ¿Que hay para cenar?
-Llegas tarde.- Anuncia mi padre, desplegando una servilleta sobre su regazo, ¿Que llego tarde? Que novedad, mira tú.
-Makua, déjala, han sido unos pocos minutos. - Ty salta a defenderme, pero no debería haberlo hecho.- No deberías ser tan estricto.
-¿Llegas hace un par de horas, después de huir como un cobarde, y te crees capaz de decirme como he de educar a mi hija?
-Yo solo he...
-Solo crees que lo sabes todo, que tienes el control sobre todo. Te crees muy maduro, pero no lo eres. -Esta ves alza la voz, de una forma que casi da miedo cuando sus facciones francesas salen a la luz, esa vena que se le hincha y el pelo negro que parece ponerse de punta.- Venir dos veces al año de visita no te da carta blanca para opinar en esta casa.
Lo ha echo. Sus palabras van directo no tan solo al pecho de mi hermano, sino al mío, van directo a nuestros corazones. Dan de lleno despertando recuerdos que intentamos camuflar, como las lágrimas que se asoman por los ojos de Tyler en estos momentos. O mi falta de respiración en estos justos momentos. En nuestras cabezas está todo lo que ha pasado estos cuatro años, y estoy segura de que nos viene a la mente el mismo nombre, Kane. Aprieta los puños, y entrecierra la mirada, sé que está intentando contenerse lo más posible. Por eso entiendo cuando se levanta de la mesa en medio de un estruendoso ruido y abandona el salón.
-Ya está, ¿no? - Digo con la voz entrecortada.- Ya tienes lo que querías, ¡se irá otra vez!- Le grito escupiendo todo lo que siento en unas pocas palabras.- Ya has perdido suficiente familia, no nos pierdas a nosotros también.- Dicho esto aprieto los labios y me propongo a seguir los pasos de mi hermano.
-Hija..
-Ahora no. -Le corto.- Deja que las cosas se enfríen.
Me levanto de la mesa, casi huyendo de allí subo las escaleras de nuevo a mi cuarto. Me paro delante de la habitación de Ty, la puerta está cerrada, y aunque sé que está haciendo todo lo posible para que no se note, lo oigo llorar. Me siento mal, y quiero entrar a abrazarle, pero sé que necesita estar solo, yo también lo querría así. Por eso entro a mi habitación,me suelto el pelo y en lo que dura un pestañeo llevo puestos unos pequeños pantalones negros de chándal, una chaqueta gris de Nike y una blusa azul marino debajo, que conjuntado con unas chanclas de playa son el perfecto atuendo para huir un rato de todo.
Abro la ventana, y con extrema precaución me agarro al alféizar, sujetándome de la enredadera de madera por la que desciendo con cautela. Una vez mis pies tocan el suelo, me pongo la capucha y meto las manos en los bolsillos mientras emprendo el camino a un refugio seguro. De nuevo, me pongo los auriculares y suena Perfect de Simple Plan. Y de nuevo mi iPod me impresiona, es como si supiera que canción necesito en cada instante.
-¡Ah! -Me asusto cuando choco contra alguien.- Lo siento.- Me quito los auriculares y veo de quien se trata.- ¿Me estás siguiendo?
-La pregunta es, ¿Me estás siguiendo tú a mi?
-Claro, como no tengo nada mejor que hacer..- Bufo.
-Lo mismo digo.- Sonríe arrogante.- ¿Donde vas a estas horas pequeña?
-Zayn, no tengo ganas de discutir, no es el mejor momento.
-¿Quieres contarme que te pasa?
-¿Debería? - me mira ¿tímido?, por un momento parece que ha apartado esa pose de chulo y se comporta como alguien normal.- Voy a ver a alguien..
-Bueno, si no me quieres contar vale. Pero no puedes evitar que te acompañe.
-Zay...
-Sin rechistar.
Finalmente accedo. Aunque normalmente me hubiese encantado hacerlo rabiar, ignorarle, discutir tan solo por el placer de hacerlo... hoy no tengo ganas. No me siento con fuerzas tan solo quiero descansar y evadirme un poco del mundo exterior. Así que ahora este moreno que no sale de mi cabeza, camina a mi lado por el paseo marítimo, riendo, bromeando, y preguntando sobre mi. Soy bastante transparente con la gente que me conoce, pero parece ser que no tanto con los desconocidos. Así mejor, no me gusta que nadie cargue con mis problemas, o que sienta pena, o compasión, o envidia, o tristeza, incluso alguna vez me han dicho que tenía una vida perfecta. Si, ¡JA!
-¿Y tú? -pregunto.- Ya me has echo suficientes preguntas, te toca.
-Venga va.
-Empecemos por algo fácil.- ríe.- ¿Cuántos años tienes?
-Diecinueve*.
-¿Eres de..
-Bradford, Inglarerra.- Esta vez sus ojos demuestran anhelo.- Pero vivo en Londres.
-¿Color preferido?
-Azul, pero no cualquier azul. -Me mira.- Como el de tus ojos.
-Bu-buena elección.- Tartamudeo, lo que creo me hace parecer un poco estúpida.
Después de algunos intentos por desviar su atención de mi rostro seguimos con la tanda de preguntas, bastante simples, son lo que se dicen trivialidades. Pero no quiero incomodarle, aunque él aproveche el mínimo desliz para incomodarme a mi, ya me voy acostumbrando. Y así continuamos caminando hasta que me adentro en la arena de la playa, y me doy cuenta de que me mira extrañado, pero aun así no dice nada. Simplemente sonríe y me pasa un brazo por el cuello al notar que tengo frío, esta noche el aire corre bastante.
¿Que tiene? Que tiene para que no pueda odiarle, a cualquiera con su comportamiento le hubiera enviado a freír espárragos a la primera oportunidad. En cambio, su gesto hace que un ligero escalofrío me ponga la piel de gallina, y como tantas veces en tan poco tiempo me pierdo en sus iris color café. Creo que parece que voy a babear, así que aparto la vista y continuo caminando hasta que diviso luz de una pequeña casa delante de la playa, con aspecto rustico. Desde aquí ya se respira la paz y la tranquilidad.
-Hemos llegado.
-Wow.- Abre los ojos, pero sin exagerar, y de nuevo sonríe.- ¿Vives aquí?
-No, pero me gustaría hacerlo algún día.
-Es precioso.
-Lo sé.- Le dedicó una tímida sonrisa y vuelvo mi mirada a la casita.- Supongo que tienes que irte.
-Si, debería volver al hotel. -Se rasca la nuca, y de pronto parece que una idea inunda su mente.- ¿Mañana también tienes clases? - Asiento con la cabeza. Recuerdo lo de esta mañana, en realidad me hace bastante gracia. - Pues ya tienes quien te lleve.
-No enserio, no hace falta que...
-Sin rechistar.
-Gracias.- Es un susurro casi imperceptible, pero él parece oírlo porque suelta una pequeña risa.
-¿Te recojo aquí?
-Claro.
-Buenas noches Skyler.
Se despide de mi con un suave beso en la mejilla. Después lo veo alejarse a paso tranquilo, con las manos en los bolsillos de su jean negro y prácticamente arrastrando los pies por la arena. Mañana tendrá problemas para sacarse los restos de las zapatillas, pero allá él.
Despejo mi mente y emprendo de nuevo el camino hacía la casa. La luz del comedor todavía sigue encendida, este hombre debe dejar de comer tan tarde. Sacudo un poco los pies, me quito los zapatos y los dejo en el viejo porche de madera cobriza y abro con cuidado la puerta de la entrada provocando que esta emita un leve chirrido que anuncia mi llegada. Entonces lo veo, todavía sentado a un extremo de la mesa, engullendo un pedazo de pan, mientras que con la otra mano sujeta alguna especie de zumo.
-Hola abuelo.- Levanta la mirada y me mira sonriente.- ¿Puedo dormir aquí?
-Claro pequeña.- Se levanta de la mesa y me da un abrazo mientras yo le revuelvo su alborotado pelo canoso, que contrasta a la perfección con la piel morena de un auténtico hawaiano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario