Siento que me arden las mejillas, la cabeza me da vueltas no solo por la resaca, sino porque alguien me está zarandeando. Me revuelvo un poco en la cama, cubriéndome la cabeza con las sábanas. Pero los insistentes movimientos no cesan, así que intento separar los párpados, para tener una buena vista de la persona a la que tendré que matar en los próximos minutos. Cuando lo hago, me obligo a cerrarlos de nuevo, pues la cantidad de luz blanca que emana del gran ventanal me daña los ojos.
-Leylani, ¿No te he enseñado a nunca despertarme? -Gruño, incorporándome.
-¡Pero el mar está estupendo hoy! -Dice, mientras va bajando el tono.- Pensé que no querrías perderte una oportunidad así.
A ver, ¿por donde empiezo? Si, claro, Leylani. Aunque le gusta que la llamen Leyla, es la hija de mi nana, es como la hermanita que nunca tuve, ni la tendré jamás. Su nombre significa 'niña celestial', y la gente podría afirmar que le hace justicia al ver sus ojitos azules, su dina piel morena o su larga cabellera lisa y negra. Pero no, es un demonio en miniatura que consigue salirse siempre con la suya, comprándonos con su sonrisa.
Volviendo al hecho de que el mar parece estar en perfectas condiciones para domar las olas, echo a la pequeña de la habitación y me visto tan rápido como puedo. Salgo con el bikini y un vestido blanco, ligero, puesto encima. Me calzo las chanclas, cojo las llaves de casa y el móvil, todo metido en mi vieja bolsa de playa. Estoy abriendo la puerta de mi habitación y me pierdo observándola unos minutos. Hacía mucho que no pensaba en cuantos recuerdos se escondían tras esas cuatro paredes blancas, los secretos escondidos entre los muebles de madera blanca, y las cortinas o las sábanas de un color azul celeste casi imperceptible. Sonrío para mis adentros recordando cada momento que conllevaron todas las entradas, fotos, y pegatinas que hay pegadas en la cabecera de la cama.
Cierro la puerta tras de mi, volviendo al mundo real. Intento bajar con sigilo las escaleras, pues no quiero que nadie me vea. Pero me da la sensación de que no lo conseguiré cuando la voz exigente de mi padre me llama desde la sala de estar.
-¿Dónde vas?
-A la playa.
-¿No tienes deberes que hacer?
-Makua, es Domingo, déjame descansar. -Bufo, harta de la misma historia de siempre cuando me llega un mensaje al móvil: ''¿Que haces que no estás en la playa? Ven, hoy el mar está alucinante. -Speedie.''- Tengo que irme papá, llego tarde.
-Espera hija, tienes que saber que..
-Lo siento pá, me voy. Te quiero, adiós.
Hablo lo más deprisa que puedo, y salgo de la sala igual de rápido. ¿Quién es Makua? Os pregutareis, pues mas bien deberiasis preguntaros que es. Makua, es padre. Cruzo el recibidor corriendo, sosteniendo mi bolsa para que no se caiga de mi hombro, y al abrir la puerta veo aparcado en la entrada un coche que no me es reconocido. Paro en seco, mirando para saber de su propietario, pero no veo nada.
-¡Makua! -grito.- ¿Ha venido alguien?
-Eso intentaba decirte. -Dice apareciendo del salón. - Ha llegado tu..
-¿Que ya no te acuerdas de mi o que, renacuajo? -Se oye una voz a mi espalda, procedente de fuera de la casa.
-¡Tyler! -Abro los ojos tanto como puedo, saltando a abrazarle con todas mis fuerzas, y él no se queda atrás.- Ah, suéltame animal, me ahogas.
-Eres una gruñona. -ríe mientas me pasa su brazo por el hombro.- Tanto tiempo sin verme y no me dejas abrazarte.
-¿Porque no me habías dicho nada? -Pregunto a mi padre.
-Eso intentaba. -Se rasca la nuca.- Pero con tus prisas no me has dejado decirte que tu hermano había llegado.
Se vuelve a meter en casa, sin decir nada más. Y yo me quedo ahí, con mi hermano, con sus ojos azules que brillan con el sol, con su pelo moreno alborotado y su barba de dos días. Me saca por lo menos una cabeza, cosa que parece serle muy útil para utilizarme como apoya-brazos . Sonríe, alborotandome el pelo y me abraza de nuevo.
-¿Donde ibas con tanta prisa?
-¿Donde crees? - miro a todos lados, asegurándome de que no hubiera moros en la costa.- A por la tabla y a la playa. ¿Vienes?
-Sabes que ya no surfeo. -Su expresión cambia a una de tristeza, de añoranza. -Pero puedo acompañarte si quieres.
-Claro.
No profundizo más en el tema, pues sé que esa conversación no nos haría bien a ninguno de los dos. Caminamos abrazados hasta el pequeño cobertizo que hay a las afueras de la propiedad, lo abro de un empujón,pues la puerta siempre se encasquilla. Quito la tela blanca y sucia de pintura que cubre mi preciosa tabla de surf y la saco, cerrando la puerta tras de mi.
Él carga la tabla en su brazo derecho, y yo lo abrazo por la cintura todo el camino. Contándonos cosas, el me cuenta como le van las cosas en la universidad, y yo le cuento anécdotas con los chicos, pues también son sus amigos. No sus amigos de siempre, pero los conoce a la perfección. En poco menos de veinte minutos andando a paso de tortuga, llegamos a la playa. Donde veo a Sea y Speedie sentadas en la arena, son sus tablas a un lado, y riéndose de algo que parece ser muy gracioso.
-¿Que os hace tanta gracia? -pregunto cuando ya estamos detrás de ellas.
- Hay unos chicos que se han metido en nuestra zona. -Empieza Speedie, que se calla al verle.- ¿Ty?
-Speedie.. -Le sonríe, y ella se incorpora para abrazarle. -¿Como va todo?
-Bien, perfecto, claro.. que.. -Tartamudea, yo lo sé, mi hermano siempre la ha puesto nerviosa.
-Hola, Sea.
Ella tan solo saluda con la mano, y le hace un gesto gracioso ante el que todos reímos. Nos sentamos en la playa, viendo surfear un rato a los chicos que intentan robarles las olas a dos individuos que nos han invadido la playa. Esto funciona así, esta zona es nuestra. Surfeamos, reímos, y prácticamente vivimos aquí. Cada cierto tiempo llegan turistas que intentan hacer surf y no conocen las reglas. Y ahí es donde aparecen los chicos, marcando territorio.
-¡Skyler!
Oígo como alguien me llama, pero por más que intento divisar al propietario de aquella vozno lo consigo. Paro mi búsqueda tras unos segundos y vuelvo a enfocar mi vista en el mar. Otra vez, oigo mi nombre, pero esta vez se de donde proviene. Un chico de rizos con gafas de sol me saluda con la mano desde lejos. Me disculpo con los demás y me levanto para acercarme.
-Estamos en desventaja.- Sonrío apartándome los mechones que el viento pone en mi cara. -Tu sabes mi nombre, y yo el tuyo no.
-Harry, Harry Styles. -Sonríe como esperando algo, y su mirada cambia a una de incomprensión cuando no recibe lo que quiere.- Bueno.. estos son Niall y Zayn.
Miro a un chico rubio que está concentrado en comerse su bola de helado de chocolate, me sonrío dejando ver una bonita sonrisa, y como sus ojos azules se vuelven aun más claros según la luz que reciban. Y a su lado, un poco más apartado, hay un chico moreno, tanto de piel como de cabello. Por un momento me pierdo en su mirada, unos preciosos ojos colo chocolate, con una largas y finísimas pestañas saliendo de sus párpados. Pero no me gusta lo que veo en ellos, me mira con mala cara, podría decirse que incluso con odio. Eso, junto a sus manos metidas en su bañador, y sus brazos totalmente estirados, parece que esté creando una especie de muro contra mi. Y no tengo ni idea del porque.
-¿Que haces por aquí? -pregunto quitando todos mis pensamientos anteriores.
-Dando una vuelta, y esperando a mis amigos que están haciendo surf. -Sonríe y señala a los chicos a los que mis tres amigos están intentando tirar de las olas.- Bueno, o al menos lo intentan..
-Me parece que van a tener problemas con eso. -Río y veo como Jason sonríe triunfante al haber echo que uno de ellos, el más grande y con el pelo rapado se haya caído de su tabla.
domingo, 30 de diciembre de 2012
jueves, 27 de diciembre de 2012
Aloha.
La noche no ha hecho nada más que empezar, y con ella las pequeñas raciones de comida, las conversaciones insulsas con gente aburrida. No llevo más de media hora con los tacones y ya me duelen los pies. Odio este vestido, es incómodo y me aprieta, además, estos pendientes parece que pesen una tonelada.
Me alejo un poco de la señora regordeta que me estaba hablando, y me siento un poco apartada del jardín, metiendo los pies en la vieja fuente de piedra. Aspiro tanto aire como mis pulmones me dejan, soltándolo a los pocos segundos para después beber un largo trago de la copa de vino que he conseguido de un camarero novato. No me gustan nada estas estúpidas fiestas de sociedad, tan solo asisto por mi padre. Algo está vibrando, miro el diminuto bolso de mano y entonces comprendo que debe ser mi teléfono móvil. Efectivamente, tengo un mensaje de Sea:
''Fiesta en la playa. Sal por detrás, te esperamos.''
Sonrío a la pantalla, no será nada fácil salir sin que nadie me vea, aunque esta no sería la primera vez. Miro hacía el jardín de casa, dos guardias en la puerta principal, tres en los laterales, y posiblemente otros dos atrás. Si subo al altillo del garaje, podré saltar la verja en pocos minutos, nadie estará por esa zona. Es tan fácil escaparse de aquí, más para mi, conozco esta mansión como la palma de mi mano. Será porque he vivido aquí toda mi vida.
Me quito los pendientes, y los tacones, dejándolos debajo del banco gris que hay enfrente de la fuente. Me suelto el pelo, enmarañándolo un poco y pongo rumbo a mi destino. Intento atravesar la zona de la piscina lo más rápido posible, sin establecer contacto visual con nadie que tenga intención de hablarme. Auch, algo me ha pinchado el pié. Continuo después de ver que solo ha sido un rasguño, y por fin giro la esquina de la casa.
A paso acelerado recorro los laterales de la casa, ya no hay nadie, y me guío por la poca luz que sale de los ventanales. Giro de nuevo la esquina de la blanca mansión y me encuentro con algo con lo que no contaba. Hay dos personas apoyadas en la puerta dándose el lote, y no puedo abrir la puerta grande, por la que entran los coches, porque se notaría demasiado.
-¡Ah! -Finjo que no les había visto.- Lo siento, lo siento.- Sonrío como buena niña y veo como la pobre chica a la que interrumpido sale corriendo por vergüenza.
Ahora que se ha dado la vuelta, veo bien al chico. Es alto y grande, bueno, más alto y grande que yo seguro. Tiene el pelo rizado de una forma realmente graciosa, pero me gusta, le queda bien. No alcanzo a ver más, la poca luz no me lo permite. Se rasca la nuca en señal de no saber que hacer y se aparta de la puerta. Mientras, yo tan solo sonrío triunfal, dirigiéndome hacia allí. Pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, una mano me detiene.
-¡Eh! ¿Que quieres? - Digo de mal humor al de rizos.
-Me has espantado a mi cita.- Sonríe como si nada.- Espero que tengas un buen motivo.
-Lo hacía por tu bien, era un poco fea. -Le oigo soltar una carcajada, y ahora veo sus ojos, unos hermosos ojos verdes.- Si fuera tú, me replantearía mis conquistas.
Me deshago de su agarre, giro sobre mi misma y abro la puerta. Pero él vuelve a cerrármela en las narices. Está empezando a ponerme de mal humor, y juro de Ariadne Ross cabreada no es nada agradable de ver.
-Al menos, podrías decirme tu nombre.- sonríe coqueto.
-¿Intentas ligar conmigo? -parece muy seguro, pero su mi rada cambia cuando me ve reírme.- Te juro que no funciona.
-Tan solo quiero saber tu nombre.
-Skyler. - Vuelvo a abrir la puerta, y entro dentro.
-¿Nada más?
-Con saber eso te sobra.
Lo veo reír mientras cierro la puerta y me dirijo a las pequeñas escaleras que me conducen al altillo. Subo a oscuras, pues no quiero arriesgarme a que alguien note la luz. Cuando mis pies descalzos tocan las superficie metálica que es el suelo de esa parte de la casa, se me pone la piel de gallina. Despejo mi mente y sigo hacía la pequeña ventana cuadrada que ilumina la estancia con las farolas de la calle. La abro con cuidado, saliendo por ahí al tejado negro, de pizarra. Nota mental: Cuando vuelva a casa, me tengo que lavar los pies si o si.
Miro hacia abajo y les veo, gastando bromas en medio de la calle. Sonrío al pensar en todo lo que he vivido con ellos. Estiro el pie hasta tocar el grueso muro que da paso a la verja. Coloco el otro pie y me equilibrio para no caer, pues sería una caída fatal. Me agacho y poco a poco voy descendiendo hasta tocar el suelo. Me doy la vuelta y me miran con mala cara. Pero tan solo sonrío, disculpándome por la tardanza.
-Aloha pequeñas. -Saludo a mis amigas, Sea y Speedie.
-Parece que no existimos tío.- Oígo a Ethan hablar con Jason y Guy.-Son como brujas, cuando están las tres juntas dan miedo.
-Oh, cállate.- Decimos las tres a la vez, para después prorrumpir en sonoras carcajadas.
-Lo que yo os decía.
Sonrío ante el último comentario y me lanzo a sus brazos para abrazarlos. La verdad, son un poco torpes, porque casi caemos al suelo, y si mi nana ve este vestido blanco manchado me mata. Pero me da igual, les suelto y me subo a lomos de la espalda de Ethan, mientras le revuelvo su cabellera rubia.
-¿Me ves cara de taxista? -Pregunta molesto.
-Venga, porfis, que me duelen los pies. -Se los muestro, descalzos.- Porfis, porfis, porfis.
-Eres peor que una niña.- Bufa.
-Pero aun así, me quieres.
Todos ríen ante la escena, y ponemos rumbo a la fiesta. Entre tontería y tontería, caminamos por las calles de la ciudad hasta llegar a la playa. Lo bueno de esta zona de Hawaii es que por la noche la gente no suele andar por la calle, y si lo hace es para dar un paseo, nada de coches.
Empieza a sentirse el bullicio, las luces que adornan la playa son preciosas. Adoro ese tipo de fiestas, sentir la arena bajo los pies mientras cantas, pasear por la orilla del mar cuando quieres un descanso, las luces reflejadas en las olas. Es simplemente increíble. Creo que por eso me gusta tanto vivir aquí, todo el mundo siente el mar como su segunda casa, y eso es algo inexplicablemente hermoso.
Nos cogemos de las manos, para no separarnos hasta llegar al pequeño chiringuito de madera, iluminado por antorchas. Pedimos todos lo mismo, siempre empezamos brindando con un chupito de la primera bebida alcohólica que se nos venga a la mente. Esta vez toca uno simple de Vodka. Tres, dos, uno. De un trago todos nos lo bebemos y lo dejamos de nuevo encima de la barra.
-¡Vamos a bailar! -Grita Sea por encima de la música, yo tan solo asiento.
No metemos en la pista de baile, bailando y gritando al ritmo de la canción que suena en esos mismos instantes. Creo recordar que se llama Make it Bun Dem de Skrillex. Speedie se queda hablando con unos conocidos en la barra, se podría decir que Sea y yo somos más alocadas o como quieras decirle. Así que continuamos bailando, bebiendo y de más cosas que mañana tan solo la luna y las estrellas recordarán.
Me alejo un poco de la señora regordeta que me estaba hablando, y me siento un poco apartada del jardín, metiendo los pies en la vieja fuente de piedra. Aspiro tanto aire como mis pulmones me dejan, soltándolo a los pocos segundos para después beber un largo trago de la copa de vino que he conseguido de un camarero novato. No me gustan nada estas estúpidas fiestas de sociedad, tan solo asisto por mi padre. Algo está vibrando, miro el diminuto bolso de mano y entonces comprendo que debe ser mi teléfono móvil. Efectivamente, tengo un mensaje de Sea:
''Fiesta en la playa. Sal por detrás, te esperamos.''
Sonrío a la pantalla, no será nada fácil salir sin que nadie me vea, aunque esta no sería la primera vez. Miro hacía el jardín de casa, dos guardias en la puerta principal, tres en los laterales, y posiblemente otros dos atrás. Si subo al altillo del garaje, podré saltar la verja en pocos minutos, nadie estará por esa zona. Es tan fácil escaparse de aquí, más para mi, conozco esta mansión como la palma de mi mano. Será porque he vivido aquí toda mi vida.
Me quito los pendientes, y los tacones, dejándolos debajo del banco gris que hay enfrente de la fuente. Me suelto el pelo, enmarañándolo un poco y pongo rumbo a mi destino. Intento atravesar la zona de la piscina lo más rápido posible, sin establecer contacto visual con nadie que tenga intención de hablarme. Auch, algo me ha pinchado el pié. Continuo después de ver que solo ha sido un rasguño, y por fin giro la esquina de la casa.
A paso acelerado recorro los laterales de la casa, ya no hay nadie, y me guío por la poca luz que sale de los ventanales. Giro de nuevo la esquina de la blanca mansión y me encuentro con algo con lo que no contaba. Hay dos personas apoyadas en la puerta dándose el lote, y no puedo abrir la puerta grande, por la que entran los coches, porque se notaría demasiado.
-¡Ah! -Finjo que no les había visto.- Lo siento, lo siento.- Sonrío como buena niña y veo como la pobre chica a la que interrumpido sale corriendo por vergüenza.
Ahora que se ha dado la vuelta, veo bien al chico. Es alto y grande, bueno, más alto y grande que yo seguro. Tiene el pelo rizado de una forma realmente graciosa, pero me gusta, le queda bien. No alcanzo a ver más, la poca luz no me lo permite. Se rasca la nuca en señal de no saber que hacer y se aparta de la puerta. Mientras, yo tan solo sonrío triunfal, dirigiéndome hacia allí. Pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, una mano me detiene.
-¡Eh! ¿Que quieres? - Digo de mal humor al de rizos.
-Me has espantado a mi cita.- Sonríe como si nada.- Espero que tengas un buen motivo.
-Lo hacía por tu bien, era un poco fea. -Le oigo soltar una carcajada, y ahora veo sus ojos, unos hermosos ojos verdes.- Si fuera tú, me replantearía mis conquistas.
Me deshago de su agarre, giro sobre mi misma y abro la puerta. Pero él vuelve a cerrármela en las narices. Está empezando a ponerme de mal humor, y juro de Ariadne Ross cabreada no es nada agradable de ver.
-Al menos, podrías decirme tu nombre.- sonríe coqueto.
-¿Intentas ligar conmigo? -parece muy seguro, pero su mi rada cambia cuando me ve reírme.- Te juro que no funciona.
-Tan solo quiero saber tu nombre.
-Skyler. - Vuelvo a abrir la puerta, y entro dentro.
-¿Nada más?
-Con saber eso te sobra.
Lo veo reír mientras cierro la puerta y me dirijo a las pequeñas escaleras que me conducen al altillo. Subo a oscuras, pues no quiero arriesgarme a que alguien note la luz. Cuando mis pies descalzos tocan las superficie metálica que es el suelo de esa parte de la casa, se me pone la piel de gallina. Despejo mi mente y sigo hacía la pequeña ventana cuadrada que ilumina la estancia con las farolas de la calle. La abro con cuidado, saliendo por ahí al tejado negro, de pizarra. Nota mental: Cuando vuelva a casa, me tengo que lavar los pies si o si.
Miro hacia abajo y les veo, gastando bromas en medio de la calle. Sonrío al pensar en todo lo que he vivido con ellos. Estiro el pie hasta tocar el grueso muro que da paso a la verja. Coloco el otro pie y me equilibrio para no caer, pues sería una caída fatal. Me agacho y poco a poco voy descendiendo hasta tocar el suelo. Me doy la vuelta y me miran con mala cara. Pero tan solo sonrío, disculpándome por la tardanza.
-Aloha pequeñas. -Saludo a mis amigas, Sea y Speedie.
-Parece que no existimos tío.- Oígo a Ethan hablar con Jason y Guy.-Son como brujas, cuando están las tres juntas dan miedo.
-Oh, cállate.- Decimos las tres a la vez, para después prorrumpir en sonoras carcajadas.
-Lo que yo os decía.
Sonrío ante el último comentario y me lanzo a sus brazos para abrazarlos. La verdad, son un poco torpes, porque casi caemos al suelo, y si mi nana ve este vestido blanco manchado me mata. Pero me da igual, les suelto y me subo a lomos de la espalda de Ethan, mientras le revuelvo su cabellera rubia.
-¿Me ves cara de taxista? -Pregunta molesto.
-Venga, porfis, que me duelen los pies. -Se los muestro, descalzos.- Porfis, porfis, porfis.
-Eres peor que una niña.- Bufa.
-Pero aun así, me quieres.
Todos ríen ante la escena, y ponemos rumbo a la fiesta. Entre tontería y tontería, caminamos por las calles de la ciudad hasta llegar a la playa. Lo bueno de esta zona de Hawaii es que por la noche la gente no suele andar por la calle, y si lo hace es para dar un paseo, nada de coches.
Empieza a sentirse el bullicio, las luces que adornan la playa son preciosas. Adoro ese tipo de fiestas, sentir la arena bajo los pies mientras cantas, pasear por la orilla del mar cuando quieres un descanso, las luces reflejadas en las olas. Es simplemente increíble. Creo que por eso me gusta tanto vivir aquí, todo el mundo siente el mar como su segunda casa, y eso es algo inexplicablemente hermoso.
Nos cogemos de las manos, para no separarnos hasta llegar al pequeño chiringuito de madera, iluminado por antorchas. Pedimos todos lo mismo, siempre empezamos brindando con un chupito de la primera bebida alcohólica que se nos venga a la mente. Esta vez toca uno simple de Vodka. Tres, dos, uno. De un trago todos nos lo bebemos y lo dejamos de nuevo encima de la barra.
-¡Vamos a bailar! -Grita Sea por encima de la música, yo tan solo asiento.
No metemos en la pista de baile, bailando y gritando al ritmo de la canción que suena en esos mismos instantes. Creo recordar que se llama Make it Bun Dem de Skrillex. Speedie se queda hablando con unos conocidos en la barra, se podría decir que Sea y yo somos más alocadas o como quieras decirle. Así que continuamos bailando, bebiendo y de más cosas que mañana tan solo la luna y las estrellas recordarán.
Presentaciones.
SURFER SPIRIT - 1D
Nacieron entre las olas y el agua salada, ella al igual que todos. Pero quisieron quitarle lo que más quería, y como bien se dice:
''Lo prohibido es lo que más nos atrae''
-¿Estás segura de que no eres una sirena?
-Segura. -rió.- Con aletas no podría surfear.
Cuenta con los amigos de siempre, y con los nuevos:
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DIsclaimer: Todos los personajes son de mi invención, excepto los chicos de One Direction. Y por supuestísimo, la trama es mía.
NO AL PLAGIO.
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