domingo, 30 de diciembre de 2012

Kahakai.

  Siento que me arden las mejillas, la cabeza me da vueltas no solo por la resaca, sino porque alguien me está zarandeando. Me revuelvo un poco en la cama, cubriéndome la cabeza con las sábanas. Pero los insistentes movimientos no cesan, así que intento separar los párpados, para tener una buena vista de la persona a la que tendré que matar en los próximos minutos. Cuando lo hago, me obligo a cerrarlos de nuevo, pues la cantidad de luz blanca que emana del gran ventanal me daña los ojos.

-Leylani, ¿No te he enseñado a nunca despertarme? -Gruño, incorporándome.

-¡Pero el mar está estupendo hoy! -Dice, mientras va bajando el tono.- Pensé que no querrías perderte una oportunidad así.

    A ver, ¿por donde empiezo? Si, claro, Leylani. Aunque le gusta que la llamen Leyla, es la hija de mi nana, es como la hermanita que nunca tuve, ni la tendré jamás. Su nombre significa 'niña celestial', y la gente podría afirmar que le hace justicia al ver sus ojitos azules, su dina piel morena o su larga cabellera lisa y negra. Pero no, es un demonio en miniatura que consigue salirse siempre con la suya, comprándonos con su sonrisa.

   Volviendo al hecho de que el mar parece estar en perfectas condiciones para domar las olas, echo a la pequeña de la habitación y me visto tan rápido como puedo. Salgo con el bikini y un vestido blanco, ligero, puesto encima. Me calzo las chanclas, cojo las llaves de casa y el móvil, todo metido en mi vieja bolsa de playa. Estoy abriendo la puerta de mi habitación y me pierdo observándola unos minutos. Hacía mucho que no pensaba en cuantos recuerdos se escondían tras esas cuatro paredes blancas, los secretos escondidos entre los muebles de madera blanca, y las cortinas o las sábanas de un color azul celeste casi imperceptible. Sonrío para mis adentros recordando cada momento que conllevaron todas las entradas, fotos, y pegatinas que hay pegadas en la cabecera de la cama.

   Cierro la puerta tras de mi, volviendo al mundo real. Intento bajar con sigilo las escaleras, pues no quiero que nadie me vea. Pero me da la sensación de que no lo conseguiré cuando la voz exigente de mi padre me llama desde la sala de estar.

-¿Dónde vas?

-A la playa.

-¿No tienes deberes que hacer?

-Makua, es Domingo, déjame descansar. -Bufo, harta de la misma historia de siempre cuando me llega un mensaje al móvil: ''¿Que haces que no estás en la playa? Ven, hoy el mar está alucinante. -Speedie.''- Tengo que irme papá, llego tarde.

-Espera hija, tienes que saber que..

-Lo siento pá, me voy. Te quiero, adiós.

    Hablo lo más deprisa que puedo, y salgo de la sala igual de rápido. ¿Quién es Makua? Os pregutareis, pues mas bien deberiasis preguntaros que es. Makua, es padre. Cruzo el recibidor corriendo, sosteniendo mi bolsa para que no se caiga de mi hombro, y al abrir la puerta veo aparcado en la entrada un coche que no me es reconocido. Paro en seco, mirando para saber de su propietario, pero no veo nada. 

-¡Makua! -grito.- ¿Ha venido alguien?

-Eso intentaba decirte. -Dice apareciendo del salón. - Ha llegado tu..

-¿Que ya no te acuerdas de mi o que, renacuajo? -Se oye una voz a mi espalda, procedente de fuera de la casa.

-¡Tyler! -Abro los ojos tanto como puedo, saltando a abrazarle con todas mis fuerzas, y él no se queda atrás.- Ah, suéltame animal, me ahogas.

-Eres una gruñona. -ríe mientas me pasa su brazo por el hombro.- Tanto tiempo sin verme y no me dejas abrazarte.

-¿Porque no me habías dicho nada? -Pregunto a mi padre.

-Eso intentaba. -Se rasca la nuca.- Pero con tus prisas no me has dejado decirte que tu hermano había llegado.

   Se vuelve a meter en casa, sin decir nada más. Y yo me quedo ahí, con mi hermano, con sus ojos azules que brillan con el sol, con su pelo moreno alborotado y su barba de dos días. Me saca por lo menos una cabeza, cosa que parece serle muy útil para utilizarme como apoya-brazos . Sonríe, alborotandome el pelo y me abraza de nuevo.

-¿Donde ibas con tanta prisa?

-¿Donde crees? - miro a todos lados, asegurándome de que no hubiera moros en la costa.- A por la tabla y a la playa. ¿Vienes?

-Sabes que ya no surfeo. -Su expresión cambia a una de tristeza, de añoranza. -Pero puedo acompañarte si quieres.

-Claro.

   No profundizo más en el tema, pues sé que esa conversación no nos haría bien a ninguno de los dos. Caminamos abrazados hasta el pequeño cobertizo que hay a las afueras de la propiedad, lo abro de un empujón,pues la puerta siempre se encasquilla. Quito la tela blanca y sucia de pintura que cubre mi preciosa tabla de surf y la saco, cerrando la puerta tras de mi.

    Él carga la tabla en su brazo derecho, y yo lo abrazo por la cintura todo el camino. Contándonos cosas, el me cuenta como le van las cosas en la universidad, y yo le cuento anécdotas con los chicos, pues también son sus amigos. No sus amigos de siempre, pero los conoce a la perfección. En poco menos de veinte minutos andando a paso de tortuga, llegamos a la playa. Donde veo a Sea y Speedie sentadas en la arena, son sus tablas a un lado, y riéndose de algo que parece ser muy gracioso.

-¿Que os hace tanta gracia? -pregunto cuando ya estamos detrás de ellas.

- Hay unos chicos que se han metido en nuestra zona. -Empieza Speedie, que se calla al verle.- ¿Ty?

-Speedie.. -Le sonríe, y ella se incorpora para abrazarle. -¿Como va todo?

-Bien, perfecto, claro.. que.. -Tartamudea, yo lo sé, mi hermano siempre la ha puesto nerviosa.

-Hola, Sea. 

   Ella tan solo saluda con la mano, y le hace un gesto gracioso ante el que todos reímos. Nos sentamos en la playa, viendo surfear un rato a los chicos que intentan robarles las olas a dos individuos que nos han invadido la playa. Esto funciona así, esta zona es nuestra. Surfeamos, reímos, y prácticamente vivimos aquí. Cada cierto tiempo llegan turistas que intentan hacer surf y no conocen las reglas. Y ahí es donde aparecen los chicos, marcando territorio.

-¡Skyler!

  Oígo como alguien me llama, pero por más que intento divisar al propietario de aquella vozno lo consigo. Paro mi búsqueda tras unos segundos y vuelvo a enfocar mi vista en el mar. Otra vez, oigo mi nombre, pero esta vez se de donde proviene. Un chico de rizos con gafas de sol me saluda con la mano desde lejos. Me disculpo con los demás y me levanto para acercarme.

-Estamos en desventaja.- Sonrío apartándome los mechones que el viento pone en mi cara. -Tu sabes mi nombre, y yo el tuyo no.

-Harry, Harry Styles. -Sonríe como esperando algo, y su mirada cambia a una de incomprensión cuando no recibe lo que quiere.- Bueno.. estos son Niall y Zayn.

     Miro a un chico rubio que está concentrado en comerse su bola de helado de chocolate, me sonrío dejando ver una bonita sonrisa, y como sus ojos azules se vuelven aun más claros según la luz que reciban. Y a su lado, un poco más apartado, hay un chico moreno, tanto de piel como de cabello. Por un momento me pierdo en su mirada, unos preciosos ojos colo chocolate, con una largas y finísimas pestañas saliendo de sus párpados. Pero no me gusta lo que veo en ellos, me mira con mala cara, podría decirse que incluso con odio. Eso, junto a sus manos metidas en su bañador, y sus brazos totalmente estirados, parece que esté creando una especie de muro contra mi. Y no tengo ni idea del porque.

-¿Que haces por aquí? -pregunto quitando todos mis pensamientos anteriores.

-Dando una vuelta, y esperando a mis amigos que están haciendo surf. -Sonríe y señala a los chicos a los que mis tres amigos están intentando tirar de las olas.- Bueno, o al menos lo intentan..

-Me parece que van a tener problemas con eso. -Río y veo como Jason sonríe triunfante al haber echo que uno de ellos, el más grande y con el pelo rapado se haya caído de su tabla.

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