jueves, 27 de diciembre de 2012

Aloha.



La noche no ha hecho nada más que empezar, y con ella las pequeñas raciones de comida, las conversaciones insulsas con gente aburrida. No llevo más de media hora con los tacones y ya me duelen los pies. Odio este vestido, es incómodo y me aprieta, además, estos pendientes parece que pesen una tonelada. 

Me alejo un poco de la señora regordeta que me estaba hablando, y me siento un poco apartada del jardín, metiendo los pies en la vieja fuente de piedra. Aspiro tanto aire como mis pulmones me dejan, soltándolo a los pocos segundos para después beber un largo trago de la copa de vino que he conseguido de un camarero novato. No me gustan nada estas estúpidas fiestas de sociedad, tan solo asisto por mi padre. Algo está vibrando, miro el diminuto bolso de mano y entonces comprendo que debe ser mi teléfono móvil. Efectivamente, tengo un mensaje de Sea:

''Fiesta en la playa. Sal por detrás, te esperamos.''

Sonrío a la pantalla, no será nada fácil salir sin que nadie me vea, aunque esta no sería la primera vez. Miro hacía el jardín de casa, dos guardias en la puerta principal, tres en los laterales, y posiblemente otros dos atrás. Si subo al altillo del garaje, podré saltar la verja en pocos minutos, nadie estará por esa zona. Es tan fácil escaparse de aquí, más para mi, conozco esta mansión como la palma de mi mano. Será porque he vivido aquí toda mi vida.

Me quito los pendientes, y los tacones, dejándolos debajo del banco gris que hay enfrente de la fuente. Me suelto el pelo, enmarañándolo un poco y pongo rumbo a mi destino. Intento atravesar la zona de la piscina lo más rápido posible, sin establecer contacto visual con nadie que tenga intención de hablarme. Auch, algo me ha pinchado el pié. Continuo después de ver que solo ha sido un rasguño, y por fin giro la esquina de la casa.

A paso acelerado recorro los laterales de la casa, ya no hay nadie, y me guío por la poca luz que sale de los ventanales. Giro de nuevo la esquina de la blanca mansión y me encuentro con algo con lo que no contaba. Hay dos personas apoyadas en la puerta dándose el lote, y no puedo abrir la puerta grande, por la que entran los coches, porque se notaría demasiado.

-¡Ah! -Finjo que no les había visto.- Lo siento, lo siento.- Sonrío como buena niña y veo como la pobre chica a la que interrumpido sale corriendo por vergüenza.

Ahora que se ha dado la vuelta, veo bien al chico. Es alto y grande, bueno, más alto y grande que yo seguro. Tiene el pelo rizado de una forma realmente graciosa, pero me gusta, le queda bien. No alcanzo a ver más, la poca luz no me lo permite. Se rasca la nuca en señal de no saber que hacer y se aparta de la puerta. Mientras, yo tan solo sonrío triunfal, dirigiéndome hacia allí. Pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, una mano me detiene.

-¡Eh! ¿Que quieres? - Digo de mal humor al de rizos.

-Me has espantado a mi cita.- Sonríe como si nada.- Espero que tengas un buen motivo.

-Lo hacía por tu bien, era un poco fea. -Le oigo soltar una carcajada, y ahora veo sus ojos, unos hermosos ojos verdes.- Si fuera tú, me replantearía mis conquistas.

Me deshago de su agarre, giro sobre mi misma y abro la puerta. Pero él vuelve a cerrármela en las narices. Está empezando a ponerme de mal humor, y juro de Ariadne Ross cabreada no es nada agradable de ver.

-Al menos, podrías decirme tu nombre.- sonríe coqueto.

-¿Intentas ligar conmigo? -parece muy seguro, pero su mi rada cambia cuando me ve reírme.- Te juro que no funciona.

-Tan solo quiero saber tu nombre.

-Skyler. - Vuelvo a abrir la puerta, y entro dentro.

-¿Nada más?

-Con saber eso te sobra.

Lo veo reír mientras cierro la puerta y me dirijo a las pequeñas escaleras que me conducen al altillo. Subo a oscuras, pues no quiero arriesgarme a que alguien note la luz. Cuando mis pies descalzos tocan las superficie metálica que es el suelo de esa parte de la casa, se me pone la piel de gallina. Despejo mi mente y sigo hacía la pequeña ventana cuadrada que ilumina la estancia con las farolas de la calle. La abro con cuidado, saliendo por ahí al tejado negro, de pizarra. Nota mental: Cuando vuelva a casa, me tengo que lavar los pies si o si.

Miro hacia abajo y les veo, gastando bromas en medio de la calle. Sonrío al pensar en todo lo que he vivido con ellos. Estiro el pie hasta tocar el grueso muro que da paso a la verja. Coloco el otro pie y me equilibrio para no caer, pues sería una caída fatal. Me agacho y poco a poco voy descendiendo hasta tocar el suelo. Me doy la vuelta y me miran con mala cara. Pero tan solo sonrío, disculpándome por la tardanza.

-Aloha pequeñas. -Saludo a mis amigas, Sea y Speedie.

-Parece que no existimos tío.- Oígo a Ethan hablar con Jason y Guy.-Son como brujas, cuando están las tres juntas dan miedo.

-Oh, cállate.- Decimos las tres a la vez, para después prorrumpir en sonoras carcajadas.

-Lo que yo os decía.

Sonrío ante el último comentario y me lanzo a sus brazos para abrazarlos. La verdad, son un poco torpes, porque casi caemos al suelo, y si mi nana ve este vestido blanco manchado me mata. Pero me da igual, les suelto y me subo a lomos de la espalda de Ethan, mientras le revuelvo su cabellera rubia.

-¿Me ves cara de taxista? -Pregunta molesto.

-Venga, porfis, que me duelen los pies. -Se los muestro, descalzos.- Porfis, porfis, porfis.

-Eres peor que una niña.- Bufa.

-Pero aun así, me quieres.

Todos ríen ante la escena, y ponemos rumbo a la fiesta. Entre tontería y tontería, caminamos por las calles de la ciudad hasta llegar a la playa. Lo bueno de esta zona de Hawaii es que por la noche la gente no suele andar por la calle, y si lo hace es para dar un paseo, nada de coches. 

Empieza a sentirse el bullicio, las luces que adornan la playa son preciosas. Adoro ese tipo de fiestas, sentir la arena bajo los pies mientras cantas, pasear por la orilla del mar cuando quieres un descanso, las luces reflejadas en las olas. Es simplemente increíble. Creo que por eso me gusta tanto vivir aquí, todo el mundo siente el mar como su segunda casa, y eso es algo inexplicablemente hermoso.

Nos cogemos de las manos, para no separarnos hasta llegar al pequeño chiringuito de madera, iluminado por antorchas. Pedimos todos lo mismo, siempre empezamos brindando con un chupito de la primera bebida alcohólica que se nos venga a la mente. Esta vez toca uno simple de Vodka. Tres, dos, uno. De un trago todos nos lo bebemos y lo dejamos de nuevo encima de la barra. 

-¡Vamos a bailar! -Grita Sea por encima de la música, yo tan solo asiento.

No metemos en la pista de baile, bailando y gritando al ritmo de la canción que suena en esos mismos instantes. Creo recordar que se llama Make it Bun Dem de Skrillex. Speedie se queda hablando con unos conocidos en la barra, se podría decir que Sea y yo somos más alocadas o como quieras decirle. Así que continuamos bailando, bebiendo y de más cosas que mañana tan solo la luna y las estrellas recordarán.

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